martes, 22 de septiembre de 2009

El Angel



                     El Angel

Autor: Guido Riggio Pou
Derechos reservados, certificado 0001901libro 05
Rep. Dominicana.1ra Edición 2005, 2da. 2004.
Impreso en: Talleres Grafisol ,
Santiago de los Caballeros, Rep. Dominicana
Portada :Angel Traveller.Gustave Moreau1826-1898
Gustave Moreau Museum, Paris.


                            Prólogo por León David

 Henos aquí ante el poema de una añoranza ancestral. Poema de diafanidad, de transparencia elocutiva que nos avecina a la comarca de la pura belleza.

Poema que en vaga melancolía, en su irredenta nostalgia, hace aflorar las incurables y obtusas constricciones de nuestra humana condición de barro y sombra… Versos de limpidez desafiante cuya morosa y suave progresión contrasta con los empeños de espectacularidad, hermetismo y rareza que caracterizan al grueso de la extraviada lírica contemporánea.

Poema en el que el fervor desgarrado, la esperanza maltrecha, la resignada compasión adoptan, desde las profundidades abisales del ser, la voz sagrada del incienso, la vaporosa gravedad de la plegaria.

Nos hace acceder, el poeta a un universo sutil y leve, enhebrado con ecos y susurros en el que vamos a ser testigos de los marchitos atavismos de la carne, sobre cuyos despojos, después de la caída originaria, construyo el hombre su aflictiva heredad.

Este es el meditativo canto de una ausencia, la rememoración de un linaje de brisa que ha perdido sus alas, la consternada reclamación ante el injusto, ante el insoportable olvido de los dioses.

No hallaremos en la poesía de Guido, que fluye cristalina del remanso del alma, espasmos ni estridencias. Advertimos demasiada ronca verdad y consentido agobio para que cometa el vate el desacato de levantar la voz esgrimiendo el afilado rejón del grito…

Poemas crepusculares tejidos con la hebra insidiosa de la penumbra, en cuyos hospitalarios recintos las cosas familiares (alas, huellas, tierra, aliento, soplo, venas, dardos, arietes) comienzan a mostrar una faz diferente, el evasivo rostro del misterio.

Percibimos mucho amor, mucha piedad genuina en la queja del bardo; huérfano y desterrado, puede el hombre, a pesar de todo, convertir su agraviada pesadumbre en canto ennoblecido merced al cual rescatar el suelo de una patria de luz que el Ángel habitase.

Desde la muerte, el frío, el dolor y la sombra, reclama el hombre le sea devuelta la seráfica dignidad de la que un día una ominosa negligencia le privara.

Henos pues, ante una poesía de tesitura metafísica y no hay poesía metafísica que no arrime el espíritu a los ojerosos parajes de la melancolía. El sentimiento metafísico es aspiración de absoluto y perfección en un aquí ahora degradado en el que esos supremos valores jamás tendrán cabida.

Anhelo incoercible de un confín de hermosura que tenazmente encubre sus perfiles, la intuición metafísica hace que el hombre, con desazón y hastío tome conciencia de su frágil, transitoria, limitada y obsolescente circunstancia existencial; mas en la taciturnidad de esa toma de conciencia se abrirá camino el asombro, el delicioso pasmo frente al enigma inviolable del ser.

En estos tiempos de adocenamiento y prosaísmo, de ramplonería y tosquedad, de trivialidad y plebeyez, el poema El Ángel de Guido Riggio se nos presenta como inusual cuanto afortunado oasis de frescura y belleza al que el sediento peregrino no dejará de dirigir sus pasos… Poesía cuya conmovedora sencillez y transparente hondura evoca, en la nostalgia de la ausencia, las portentosas maravillas que acaso alguna vez podremos vislumbrar porque lo promete la palabra milagrosa del lírida, que si no consiguió hacerse con la rosa, logro al menos impregnar las estancias del aire con el insumiso aroma de lo eterno.

Laúd sensible de más, laúd ideal y elegido, que al menor roce de alas abandonó sumisas y vibrantes las cuerdas, dispuestas a mediar entre los melancólicos acordes de un ángel y el oído del hombre (Edgar A. Poe)

                                                            
                                        El Ángel

                                                        A la voz de aquel día.




1

Entonces,
recostados
sobre el manto de la tierra,
tapizado
por el beso de las hojas,
tomaré tu aliento
y nos haremos humanos.

2

Descansarán mis alas,
me vestiré de hombre,
encontraré mi sombra,
fatigaré sus huellas
en mi ancestral morada,
el barro.

3

Alargaré mis alas
más allá de la Esfera
y mi luz
será
la sombra.

4

Vestido de anciano,
con mis ojos cerrados
- para que no me vean –
entraré al recinto
de los dioses dormidos,
les soplaré al oído
los susurros del viento
y me darán a esfera
y se abrirá la puerta
de un sueño distinto
para los cansados
sueños
de los hombres.


5

Condenado
en prisiones eternas,
por haber dado
a los aqueos
el sueño de este olimpo,
de estas divinas pasiones
y dioses
dormidos.

6

Temo
al oscuro hueco
donde un día
caerán
mis alas.


7

Vestido de ángel
me asomaré al abismo
de las catedrales muertas,
y habitará en el hombre
el sueño
de mi faz perfecta.


8

Hollaré el granero
de los dioses avaros,
colmaré con su trigo
a los hombres sedientos
y traeré de la tierra
abundante dolor
para los dioses dormidos.


9

Yace
mi imagen de piedra
olvidada de plegarias,
escondida de los cirios,
agobiada de promesas,
despreciada por los llantos
de frustradas oraciones,
por no haber dado
el sueño de los sueños
que ellos llaman
milagro.


10

Esos dioses
avaros
que se hacen rogar,
que atesoran oraciones,
inventaron las plegarias
y con mi vana
esperanza
colmarán sus tesoros.

11
Esos
dioses
aburridos,
cansados de otros juegos ,
inventaron el castigo.

12

No sé
que dios
será
detrás de dios.

que lejos está
el hombre,
más en la sombra.


13

Muchos siglos ha,
escuché la leyenda
en la arcana tierra
que narra la historia
de un libro
de extraño papel
que sirve de ariete,
de grillo,
para atar valientes,
para cortar sus venas.

14

No sé
que frío viento
me soplará
mañana.

15

Cansado
de su soplo eterno,
invocaré al anciano,
me quitaré el vestido,
le mostraré mi pecho,
me clavará su dardo,
descansaré
del tiempo.

16

Invocaron mi nombre
desde lejanas tierras.
Eran los valientes
de las catedrales muertas,
clamando a las piedras
cargadas de siglos
de viejas quimeras.
Fueron los valientes
de las catedrales
muertas.

17

Herrumbraré
su eje.
No girará más
mi cansada
rueda.

18

He cabalgado
en las centellas
buscando la fuente,
el destello primigenio.
Sólo me falta
Volar
a un oscuro cielo,
donde dicen los ancianos
que la luz ,
cansada
y sola ,
besó su sombra.

19

Y escuché
a Dios
orar…
Padre nuestro
que estás
en los cielos…

20

Cansado
de dormir
en la luz,
me dormiré
en la sombra.

21

Y algún día…
Impulsado
por mi sombra,
reemprenderé
mi vuelo.

22

Sueño
el paraíso perdido,
sueñan mis alas
los tiempos idos.

23

Y lloraron
los dioses
su nueva creación
de dolor
y muerte.




                                                                  CRITICA LITERARIA


El Ángel: Guido Riggio ó La Otra Voz.
Por: Alejandro Ovalles
Laúd sensible de más, laúd ideal y elegido, que al menor roce de alas abandonó sumisas y vibrantes las cuerdas, dispuestas a mediar entre los melancólicos acordes de un ángel y el oído del hombre (Edgar A. Poe)

Un buen poemario- calificativo éste menos difícil que delicado de pronunciar- no es solo un buen poemario, y menos cuando se trata del primero de un autor. El primer libro, sin importar el género, aunque el caso resulte más notable en poesía, cuando es bueno de más, cuando es considerablemente bueno, representa un dilema: representa para el autor la promesa de regalar al lector con otra creación, con un segundo poemario en nuestro caso, que cuando no supere en pensamiento y belleza del anterior, al menos lo iguale; o representará el sabio silencio posterior del autor , a sabiendas de que habrá sido preferible dejar solo una buena obra, y no una única buena obra entre sus obras. Vale el dilema, claro está, solo para los escritores, los poetas, respetuosos y concientes de su título, quienes son en consecuencia, los que escriben poesías, no simplemente poemas.

Guido Riggio, con Los Espejos del Tiempo, tras haber burlado la frontera increíble que situaba, a partir de ella , a distancias equivalentes pero infinitamente distintas, a dos universos que eran el mismo pero desdoblado ; tras haber burlado la superficie muerta del espejo, y desde dentro, instalado entre inéditos reflejos, haber descifrado en ellos la esencia del tiempo, no optó por aquel sabio silencio que neciamente tantos resisten, sino que - feliz decisión- optó por la promesa de una nueva creación El Ángel , que se eleva sobre Los Espejos del Tiempo haciendo de aquellos 29 poemas el principio de un discurso poético que se prolongará en otros temas y matices.

Como poemas de una pluma lejana de escritura extraña – arrancada quizá por un ángel de sus propias alas- ; como poemas ajenos al humano, mas no ajenos a lo humano, así nos llegan estos. Y esta vez no es el hombre con su voz quien los canta, ni nuestro lenguaje el que los guarda; es otra voz venida de muy lejos, la que habla a través de otro lenguaje también lejano, también extraño. ¿Es acaso la voz del ángel que expulsado por él mismo de su trono celestial, y extranjero de si mismo, posó adolorida y melancólica la mirada sobre los hombres buscando aquel “ideal y elegido”, a quien recitar sus memorias? Pero no hay que pensar, como algunos ya habrán hecho, en un ángel caído, nada de eso, porque el nuestro no lo está. Pensemos mejor en un ángel afligido, enternecido con el hombre, harto de dioses avaros, dormidos, aburridos y cansados de tantos juegos; pensemos mejor en un ángel temeroso de huecos oscuros, en un ángel cansado de dioses ocultos, cansado de viejas leyendas y soplos eternos; pensemos en el ángel del que a pesar que yace su imagen de piedra olvidada de plegarias, escondida de los sirios y agobiada de promesas…, ofrece sin reproches su sabiduría al hombre.

Finalmente es de admirar, en realidad es de quedarse maravillado, la manera en que la sensibilidad e intelecto de Guido se transforman en una nueva colección de poemas, y no me refiero a evolución de pensamiento, me refiero a la transformación de la forma de conocer y sentir. ¿Alguno de ustedes se atrevió alguna vez a reflexionar acerca de cómo piensan los ángeles, acerca de que cosas podría pensar o preocupar a un ángel; alguno ha pensado siquiera en la existencia de ellos? Quizá la mayoría, una que otra vez, hayamos reflexionado sobre su existencia, pero nunca sobre como piensan y menos sobre qué cosas podrían pensar y preocuparles, y de haberlo hecho, lo más seguro es que en mera reflexión nos hubiéramos quedado, en vaga conjetura y nada más; mas hoy Guido nos regala la certeza escrita en poesía angélica traducida para el hombre.


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