martes, 22 de septiembre de 2009

 

 

 

 Del Blog de Rosa Silverio

Comparto con ustedes esta interesante entrevista hecha por León David  al escritor Guido Riggio Pou  autor de los poemarios: "Los espejos del tiempo", "El ángel" y "El otro jardín".

La entrevista salió publicada en el Periódico Hoy en su sección Areíto. Me parece que las respuestas de Guido no sólo son interesantes sino que además pueden dar origen a todo un debate. 

Sábado 4 de Marzo, 2006
Periódico HOY , Republica Dominicana , Areito ,CRÍTICA
(http://www.hoy.com.do/areito/2006/3/3/67450/print)


[Estamos concientes de que la belleza no es una categoría que se puede conceptualizar, pero sí sabemos que es sentir y que se puede dar cuenta de la belleza con la razón. Guido Riggio]

POR LEÓN DAVID
¿Cómo empezaste a escribir? ¿Qué te movió a ello?
 
Todo hombre es cazador (el control remoto de la televisión lo confirma), la mujer recolectora (otra forma de caza) y el arte, en manos del artista, persigue la realidad que está constantemente en fuga, busca atraparla, comprenderla, cazarla.

Como amante del arte parece que la sensibilidad o el destino, no lo sé, me condujo a esta aventura donde el lenguaje, la escritura, en vez de la pintura o la música, es el instrumento de caza que me permite alimentar y enfrentar cada día el vacío existencial y la tristeza que sentimos cuando contemplamos el universo y tomamos conciencia de nuestra soledad, de nuestra efímera existencia. Tal vez por eso escribo.

¿Que te llevó a trabajar la forma japonesa del Haiku?
El Haiku, ese Bonsái poético, me cautivó por su brevedad. Siempre he sido un admirador de la brevedad, de la síntesis, (pero hoy tengo que hablar hasta llenar 4 cuartillas) de la economía lingüística, de la orfandad retórica, la desnudez, la sobriedad, la intuición, y el haiku con sus 17 sílabas y su estética taoísta y zen, es un gran desafío. Poesía y síntesis caminan aferradas de la mano.

El arte persigue la realidad, ella siempre se escapa. El lenguaje, que es metáfora, nos conduce por el mundo a través del símbolo, pero este símbolo, el lenguaje, la palabra, no es la realidad.

Vivimos confundidos (no es sólo por los políticos). Y es en el mundo occidental donde la confusión está más arraigada ( y no es culpa de Bush). Nuestro lenguaje, contrario al idioma japonés, ha evolucionado por un camino que lo ha alejado aun más de la realidad, se ha súper estructurado de tal forma que se ha constituido en autónomo, ya tiene vida propia. Sin embargo el lenguaje japonés (al igual que otros) ha tomado un camino evolutivo diferente; sus hablantes nunca olvidaron que el lenguaje es un mero símbolo, un artificio usado para representar la realidad, no la sustituye. El idioma japonés no pretende definir la realidad, en cambio la sugiere, y al accionar nos deja bien en claro que no la suplanta. Su lenguaje asume internamente que no está reproduciendo la realidad; a diferencia de los idiomas occidentales, que en sus propias estructuras internas, asumen que, como Dios, pueden sustituirla a plenitud, en su mínimo detalle. Con nuestro lenguaje nos hemos alejado del mundo pre simbólico, hemos opacado la realidad que pretendemos vivificar.

La poesía es la forma de uso del lenguaje que nos permite expresar un estado de conciencia superior, con ella nos acercamos un poco al estado pre simbólico. Decimos que el lenguaje poético es capaz de atrapar la realidad (y a algunas mujeres) y las emociones estéticas que percibimos. Y precisamente, la emoción que sentimos al leer un buen poema, en gran medida, se debe al efecto alado que nos proporciona el lenguaje poético al liberarnos parcialmente del símbolo que nos esclaviza y somete. Por esto un buen poeta nunca tratará de capturar, definir, abarcar la realidad en su totalidad ,siempre deja el espacio, la libertad, la posibilidad al lector de penetrar al mundo mágico de la imaginación, donde la cárcel simbólica del lenguaje que lo angustia y lo somete puede ser burlada.

Somos esclavos de las estructuras del lenguaje (y del matrimonio) que nos obligan a convertir la realidad en “un sistema de palabras”.

Jorge Luis Borges, poeta exquisito, en su prosa poética y en su poesía demuestra estar muy conciente de esta condición del lenguaje. En el poema “El Otro Tigre” Borges trata este tema con mucha profundidad y claridad cuando nos dice al final de su poema: que él no quiere convertir un tercer tigre (había convertido dos) en “un sistema de palabras humanas” pero que sin embargo “algo me impone esta aventura indefinida, insensata y antigua” y manifiesta que no puede entonces dejar de buscar “El otro tigre, el que no está en el verso”, el real (destino inexorable del poeta).

Borges insiste en el tema . En el Golem el rabino de Praga encuentra el terrible Nombre que da vida a su muñeco Golem quien “Gradualmente se vio (como nosotros) / aprisionado en esta red sonora /de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora, / Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.”

Y en el mismo poema cuando afirma: “Si (como el griego afirma en el Cratilo) /El nombre es arquetipo de la cosa/ en las letras de rosa está la rosa/ Y todo el Nilo en la palabra Nilo.” nos advierte Borges de la trampa del lenguaje, trampa en la que hemos caído porque es la única alternativa que nos ofrece el lenguaje.

El poeta, que intuye que la realidad existe más allá de los límites del lenguaje, vive en eterna agonía tratando de alcanzar aquella realidad con su palabra. Nuestra lengua es muy discursiva, dual; la nipona es menos concreta, su estructura interna es portadora de su propia condición limitada, de la conciencia de su artificialidad simbólica. En nuestro último libro “El Otro Jardín” de poemas tipo haiku, que tú conoces, hemos tratado, sin transgredir la estructura interna de nuestro idioma, de adecuar nuestro lenguaje, respetando la realidad lo más posible en pos de alcanzar la conciencia trans- simbólica, el estado original no dual. Tratamos de “conceder la palabra al silencio” (son palabras tuyas), buscando crear una atmósfera donde el espíritu se deleite, más cerca a la meditación que a la retórica. Quizás esta sea la razón por la que escribo haikus.

¿Qué opinión te merece la poesía dominicana de las últimas décadas?
En los últimos tiempos puede que sea el género más escrito en Dominicana y hay muy buenas poesías y otras menos buenas.

El tema es muy difícil de abordar porque nos conduce al campo de la estética, (y tú conoces muy bien mis gustos porque me has prologado dos libros) además es muy controversial y sensible. Estamos concientes de que la belleza no es una categoría que se puede conceptualizar, pero sí sabemos que es sentir y que se puede dar cuenta de la belleza con la razón. Sin embargo te voy a señalar algo: los poetas debemos siempre estar abiertos a percibir las voces que provienen del mundo de la belleza (gracias le doy a Nelson Julio Minaya). El poeta, más que nadie, como sumo sacerdote de la palabra, debe ser humilde, manso, alejado del orgullo ciego que muchas veces nos invade al sentirnos creadores. Hay que cuidar la llama del templo. Sólo así podremos escuchar la voz del pastor que nos conducirá al paraíso donde mora (oculta de lobos y farsantes) la belleza. Tenemos que mantenernos alejados de la selva, de la confusión estética que nos acosa. Hay que desarrollar el buen gusto, que en última instancia viene del espíritu. En el espíritu es donde vamos a encontrar la belleza, es en él donde se encuentra la fuente de la buena poesía, no en el egoísmo, en la fama o en la gloria. Dejarse pastorear puede ser clave.

¿Cuáles son tus escritores favoritos, criollos y extranjeros? ¿Por qué los prefieres?

A veces, en poesía, debemos hablar de poesías favoritas, no de poetas favoritos porque un poeta puede tener buenos y “menos buenos” poemas. Muy extraño fenómeno, no raro, asumiendo que todo poeta tiene una estética que le permite discernir la belleza y censurar sus creaciones y evitar su publicación. Sería como exhibir su mal gusto, o quizás su confusión, o tal vez es que no posee conciencia plena de lo que hace y su obra es producto del azar.

Nos gustan las lecturas que nos atrapan. No leemos para estar al tanto de las últimas publicaciones. Son interesantes: las biografías noveladas, los ensayos, la historia, novelas densas, ciencia (que hoy parece sustituir a la filosofía), metafísica, cuentos y todo lo que tiene que ver con el tema del lenguaje. Elie Faure, Will Durant, Paul Valery, Marie Renault, Stefan Zweig, Franklin Mieses Burgos,Yourcenar, Manuel del Cabral, Irving Stone, Lezama, Borges, Nietzsche, Heidegger, Freud, Saussure, Foucault, Hegel, Schopenhauer, Derrida, Kierkegaard, Krisnamurti, Althusser, Blavtsky, Stephen Hawking, clásicos griegos, clásicos de la literatura inglesa y castellana, y muchos otros preferidos; sin dejar de reflexionar siempre en tu exquisito “Cálamo Currente”.

Como todos, busco en la lectura la sustancia, el pensamiento, la belleza, por eso los prefiero. Ante esta súper producción literaria avasallante creo que leer, releer, profundizar en unos pocos buenos libros es suficiente para nutrir, recrear nuestro espíritu y burlar el tiempo.

¿Cuál es el valor de la literatura? ¿Cumple una función social?
El lenguaje mata y eterniza la realidad. La literatura nos somete y domestica, y paradójicamente es la que nos hace ver y comprender mejor el mundo; el mundo llega a nosotros a través del lenguaje, del símbolo. El símbolo al frisar el mundo nos permite su análisis y comprensión. En el estadio pre simbólico no existía el antes ni el después, el mundo era una totalidad, no había sido desmembrado por la palabra (el lenguaje). Entonces, al nacer la lengua, fuimos víctimas de su simbolismo y somos doblemente atormentados porque no estamos concientes de sus cadenas. Nuestras referencias culturales, históricas, sociales, conceptuales etc. provienen del lenguaje, la literatura. La función social del lenguaje sobre la sociedad es avasallante. Todo suceso, vivencia, experiencia se convierte en lenguaje, en ficción. Literatura, lenguaje es ficción. La sociedad es víctima del lenguaje, víctima de la madeja que hemos creado con la palabra. El lenguaje es el culpable de muchos conflictos humanos. Es un acto de magia imperceptible, muy sutil, que mantiene a las masas, al individuo, en un eterno estado hipnótico. A veces pienso que es la sociedad la que cumple con una función literaria.

¿Qué es para ti una obra clásica?
La estética actual tiene como bandera una mal entendida “libertad creadora”. La literatura “moderna” o los autores modernos poseen una fuerte tendencia a buscar la novedad dentro de una exaltación excesiva de la autenticidad. Se trata de huir de lo clásico aun a costa de la belleza, a costa de los auténticos valores que se nutren del espíritu. Para muchos ser autentico, diferente, es la clave del éxito.

A veces pienso que los valores estéticos que imperan en el momento no son más que valores de una etapa involutiva, natural quizás, y por que no, necesaria, en el ciclo de vida de la creación artística, que tendremos que soportar hasta que retornemos a los verdaderos valores, los de la clasicidad: el cuido de los valores formales, la decencia, la hondura, el amor por la belleza etc. que hacen de una obra un ser viviente. Sólo las obras clásicas permanecerán, todo lo demás caerá en el olvido, será pasto del tiempo. Las obras producto del tiempo entran y salen del espíritu del lector sin dejar nada, son hijas de la confusión estética, del caos estético que lamentablemente ha contaminado a nuestros creadores. Nos da mucha pena ver a tantos talentos en el camino equivocado, el laberinto de los “ismos”, no son más que trampas del lenguaje. Lo clásico no es una estética, “es la estética”. Discutir sobre este tema se reduce, quizás, a un asunto semántico, a una confusión de símbolos.

¿Quién es Guido Riggio Pou?

Te podría contestar el poema “Mis Muchos”, último de mi libro “Los Espejos del Tiempo” donde soy una especie de Golem que sueña liberarse de un “sistema de palabras” que le habitan: “De mis muchos habitantes que me habitan, / de los rostros que me miran desde el fondo del espejo, / a los arcanos rostros que me asoman en la sombra, / los dejaré dormidos en su tierra misteriosa. / Mataré la muerte y emprenderé mi vuelo.”

O quizás soy el Rabino de Praga y como Platón sospecho que el Nombre es el arquetipo de la cosa.

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